sábado, 4 de febrero de 2012

Reflexiones de docentes de Formación profesional, nuestra eterna olvidada

Últimamente varios amigos y familiares me han preguntado cuestiones
del tipo: ¿Qué, al final van a poner prácticas en la Formación
Profesional?. ¿Es tan mala la FP como dicen por la tele?. La verdad es
que al principio me quedé de piedra, pero luego decidí informarles un
poco. Este es el correo que les envié. Y creo que debemos empezar a ir
informando a la gente que conocemos sobre qué es realmente la FP y
cuál es su situación:


El problema con la FP es que todo el mundo habla sin tener mucha idea
(lo que tampoco es muy extraño en nuestro país). Hay dos ideas que han
difundido tertulianos-políticos y que han calado en la opinión pública
y que va a ser muy difícil cambiar:


Idea 1. La FP necesita más prácticas. Mentira o verdad a medias. En
los Institutos estamos todos los días haciendo prácticas para que el
alumno salga mejor preparado, pero es más fácil decir eso que aumentar
el dinero destinado a instalaciones y material de prácticas en los
centros. Además, después de año y medio en el instituto dando la base
teórica y práctica los alumnos tienen aproximadamente 400 horas de
prácticas en una empresa. Tanto la propia empresa, como el proceso de
las prácticas está controlado en todo momento por un profesor del
centro escolar (se llama FCT, formación en centros de trabajo y es una
asignatura más de la FP).
Idea 2. La FP no funciona. Mentira. Lo que no funciona es el mercado
laboral. En muchas ocasiones las propias empresas, hospitales,
farmacias donde los alumnos cursan dichas FCT felicitan a los centros
sobre lo bien preparados que salen los alumnos. El problema es que con
un mercado laboral como el que tenemos, les cuesta encontrar un
trabajo digno. Pero es más fácil echarle la culpa a los educadores que
a los políticos que nunca han apostado por la investigación y la
industria; que no sólo necesita doctores e ingenieros, sino también
técnicos.


¿Y qué es lo que quizá vayan a hacer?. Pues básicamente que el alumno
tenga unas pocas horas en el centro (o a distancia) de formación
meramente teórica y el resto en la empresa cobrando alrededor de 400
euros. ¿Y que problemas puede traer esto?:


Que habrá empresarios sinvergüenzas que se aprovecharán de una mano de
obra muy barata y esto afectará a los trabajadores cualificados y al
estudiante.
Que no van a tener tiempo para darles una formación personalizada.
Que la empresa sólo se va a preocupar por enseñar lo que le interese.
De ese modo, el alumno no va a salir preparado para trabajar en otra
empresa. Es decir, va a fallar la formación global.
Hay ramas en las que va a ser imposible. Imagínate, por ejemplo, en el
laboratorio de diagnóstico de un Hospital grande. El jefe a tope de
curro, el personal hasta las cejas de curro. Y de repente les llegan
15-20 alumnos que no tienen ni idea de nada relacionado con el
diagnóstico clínico. ¿Cómo lo van a hacer?.
Va a ser un desastre en el sentido de que no se dan cuenta del tipo de
alumno que les va a llegar. Nosotros no sólo les enseñamos la base de
su futuro oficio (tanto a nivel teórico como práctico), sino y es lo
más importante, les "moldeamos" y les enseñamos lo que es el trabajo.
Todos los cursos nos llegan algunos alumnos que no son puntuales, que
faltan, que sueltan tacos en clase, que no saben hacer una regla de
tres...y de esos, a algunos los recuperamos con mucho esfuerzo y les
enseñamos lo que significa la palabra "profesionalidad". Y ahora van a
llegar sin dichas enseñanzas directamente a la empresa, donde es
probable que no tengan ni el tiempo ni la paciencia para educarles en
ese sentido. Va a ser un caos.
No va a haber empresas suficientes para la demanda de formación.
Quieren que sea el mercado laboral en el momento el que regule las
plazas. ¿Y si yo quiero hacer FP de Farmacia y resulta que sólo 15
farmacias en Madrid me lo ofrecen?.

jueves, 2 de febrero de 2012

Carta de Juan José Boj Cordero

Señores del PP: 
Se les llena mucho la boca de decir que su apuesta por la escuela concertada no se debe a intereses económicos ni ideológicos y que la única razón es facilitar la elección de centro a las familias.
En este sentido tenemos que comunicarles que las personas que optamos por la escuela pública también estamos haciendo uso de esa misma libertad de elección y que cuando optamos lo hacemos pensando en la escuela que queremos.
La escuela que queremos es una escuela pública, de todos y para todos. Por que el sistema educativo público es el único que garantiza la igualdad de oportunidades y la cohesión social. 
La escuela pública entiende la educación como un derecho ciudadano, que debería ser un servicio gratuito y universal. Frente a quienes la ven como una oportunidad de negocio.
Es una escuela democrática y participativa, en la que la comunidad educativa debe implicarse a fondo. 
Una escuela al servicio del ciudadano, que forme personas capaces de desenvolverse en la vida y relacionarse con su entorno de forma crítica y activa, que puedan entender el mundo en el que viven e interactuar con él, contribuyendo a mejorar la sociedad.
Es una escuela laica, que no suponga la prevalencia de una religión o sistema de creencias sobre otros. 
En la escuela de todos no puede tener cabida la segregación del alumnado por motivos religiosos (ni siquiera durante un par de horas por semana).
Es una escuela inclusiva, que de oportunidades a todo el alumnado, y facilite la posibilidad de alcanzar, a cada uno, el máximo de sus potencialidades.
La escuela no puede ni debe servir para la formación de unas élites predestinadas al éxito social ni a condenar al resto al fracaso absoluto. 
Etimológicamente, educar significa “sacar, extraer” lo mejor de cada persona y que cada uno pueda alcanzar en la vida las mayores metas que su capacidad e interés le permitan.
Es una escuela igualitaria, que facilite la compensación de las desigualdades de origen; tanto sociales como de cualquier otro tipo. 
Que debe procurar y conseguir que todo el alumnado tenga las mismas facilidades para acceder a los servicios escolares. 
Que debe poner a su disposición todos los recursos humanos, materiales y didácticos para que todos puedan desarrollar las competencias y destrezas necesarias para la vida en el mundo actual y futuro.
Que atienda a las necesidades de cada alumno, dando siempre más ayuda al que más lo necesite.
Una escuela, en definitiva, que forme personas que capaces de afrontar el futuro con ciertas garantías de éxito y que constituyan una fuerza transformadora para hacer un mundo mejor… que es posible.
Esa es la escuela que queremos y defendemos. Si ustedes quieren para sus hijos colegios con equitación, piscina, campo de golf y seto de margaritas páguensela de su bolsillo. Si quieren una escuela elitista que forme a los líderes del futuro a imagen y semejanza de los fracasados líderes actuales fináncienla por sus medios. Si quieren una educación religiosa pidan a su iglesia que se la sufrague y apórtenla los medios necesarios. Llenen los cepillos todos los días en la misa de once de billetes de 500.
Pero, por favor, dejen que nuestra escuela, la pública, funcione tal y como queremos los que la hacemos y utilizamos.